CULTURA

Por qué dejé de comprar ropa… y comencé a usar la de otros

Coleccionando historias en el closet

Por Eleana Terán Tassinari

Me gusta la ropa, siempre me ha gustado. Me encantan los vestidos, las blusas y los jeans, ni voy a empezar con los zapatos Amo la moda al grado que mis primeros recuerdos son ver telas con mi mamá y pensar en toda la ropa que se podría hacer. Les hacía vestidos a mis Barbies y cuando cumplí 15 años me empecé a hacer a mi misma. Les rogaba a mis papás por un vestido nuevo cada semana para estrenar en la fiesta del fin, se me hacía lo más normal, al fin y al cabo ¿quién quiere repetir? Y menos con mis looks excéntricos y coloridos. 

Con el paso de los años mi closet se fue llenando de vestidos con menos de 4 horas de uso: despedida de mi mejor amiga, baby shower de mi hermana, bautizo de mi sobrino, viaje a la playa. Cada ocasión marcada con un vestido de $200 a $1,800 pesos, en mi mente imposible de usar de nuevo porque ya todos me lo habían visto. Nunca cuestioné estas prácticas y no lo consideraba un desperdicio, mucho menos al tener dos hermanas con las que me he prestado ropa, usando el argumento “es para las tres” en más de una ocasión con el propósito de convencerme en mi proceso de compra. 

Un día, entre risas y preocupación empezamos a platicar, mi mejor amiga y yo, sobre nuestro amor a la ropa; nos cuestionamos ¿qué pasa con nuestros clósets? Al sumarlo con el de todas las demás genera casi 40 billones de dólares de ropa nueva colgada al fondo de en un país desarrollado (Wrap, 2017) y genera 1.2 billones de toneladas de CO2 anualmente. Nuestro consumo no solo afecta al medio ambiente, pero a todas las personas en la cadena de suministros, ya que es la industria con mayor riesgo de producir esclavitud moderna (Fashion Revolution, 2019).

Llevábamos un par de años cuestionando nuestra manera de comprar y su impacto en el planeta, nos prestábamos ropa en el afán de darle una mayor vida, pero teníamos que pasar del pensamiento a la acción. ¿Qué pasaría si pudiéramos ampliar nuestro círculo para intercambiar prendas a la moda y con poco uso con otras personas que también estaban preocupadas? Así, sentadas en la cama de mi cuarto empezamos a idear un proyecto, para nada el hilo negro: un intercambio de prendas The Swap MX. Usaríamos las redes sociales para llegar a personas que nunca habíamos conocido, planearíamos la logística y buscaríamos crear una comunidad que celebre y coleccione historias de prendas que ya fueron amadas.

Hemos hecho dos ediciones hasta el momento, en la primera se intercambiaron +700 prendas entre 33 personas y en la segunda el número ascendió a +2,000 prendas de mujer, hombre y bebé entre 65 personas. No sabemos a ciencia cierta el impacto que estas pequeñas acciones tienen, pero lo que sí podemos concluir es que, con un poco de organización, podemos llevar a cabo acciones concretas para seguir manifestando nuestra identidad a través de nuestras prendas, pero buscando procesos más sustentables. Creando una comunidad increíble en la que muchas de las swapers llegan temprano a ayudar a acomodar, prestan ganchos, comparten historias de las prendas que amaron y platican para dar tips y crear outfits increíbles. 

Nos encanta escuchar cuando alguien toma una prenda y otra persona le comenta con gran alegría “ese fue el vestido que usé cuando conocí a mi esposo” o “con esa blusa me enteré de que iba a ser mamá”. También suenan historias de resiliencia como “ese vestido me dio la fuerza para cortar a mi ex” o “me puse ese saco para la entrevista del trabajo de mis sueños y me lo dieron”. 

Me falta mucho por hacer y no soy una consumidora perfecta, pero he intentado lentamente seguir la pirámide del consumo consiente: uso lo que tengo cuantas veces puedo (y compro pensando en cuantos usos le puedo dar), presto y uso ropa que me prestan mis amigas y hermanas, intercambio (mucho y espero que cada vez más) e intento comprar local. Ahora mis prendas, no solo son hermosas, sino que cada vez que las uso pienso en las caras de las mujeres que las usaron antes que yo, llevo sus historias en mi corazón y celebro sus vidas una prenda a la vez.

Eleana Terán se describe a sí misma como apasionada e intensa, investigadora en temas de género, feminista, defensora de los derechos humanos y la comunidad LGBT+. Busca colaborar en el empoderamiento de la mujer en todo lo que hace, desde su trabajo como directora de desarrollo en una organización de la sociedad civil a sus proyectos personales como Reapropia, un movimiento que sensibiliza la violencia de género a través del deporte y The Swap MX, un intercambio de ropa ecofeminista. Tiene una maestría en Sociología y Cambio Global de la Universidad Metropolitana de Manchester y licenciatura en Diseño de la Universidad de Monterrey.

Las opiniones expresadas en los artículos publicados en Hola Poderosa corresponden únicamente al autor y pueden no coincidir con las de SpeakHer Nights.

Photo by Ben White on Unsplash


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