LÍDER DE OPINIÓN

Del Síndrome de la Impostora al Síndrome de la Experta

Ni muy muy, ni tan tán. Encuentra un balance entre ambos.

Por Ale Serrano

Cuando me decidí a emprender estaba aterrada, hasta entonces había trabajado con socios y con herramientas de un éxito ya probado. Estaba angustiada porque aunque “sabía” de los temas en que me quería enfocar no estaba segura de cómo mostrarlos a mi público objetivo. Sobre todo, dudaba si realmente sería capaz de tener éxito en lo que me apasiona.

Me arremangué y empecé a trabajar en mi propuesta de valor, y casi al mismo tiempo llegó esa vocecita interna a cuestionarme cada decisión que tomaba: “¿pero estás segura que esto le va a interesar a alguien? ¿por qué otra persona va a querer escucharte a ti?”. Mientras más hacía, más dudaba de mis capacidades.

Aunque había días en que quería tirar la toalla, le puse el corazón a lo que estaba haciendo. Poco a poco fui creando vínculos con otras personas que me abrieron oportunidades de nuevos proyectos sumamente interesantes… ¡Pero seguía dudando de mí misma! “Fue pura suerte!” pensaba; “seguramente no encontraron a alguien mejor”, me llegué a decir.

Cuando escuché por primera vez del Síndrome del Impostor me sentí totalmente identificada. Definía perfectamente lo que estaba sintiendo: se trata de un fenómeno que nos impide asimilar nuestros propios triunfos, logros o éxito.

Investigando un poco más, averigüé que esto es más común de lo que se podría pensar y que además afecta en mayor medida a las mujeres. Muchas veces esto se debe no solo a que solemos exigirnos mucho más, sino a las brechas salariales que aún existen.

Sabía que estaba padeciendo este síndrome, ¿pero cómo enfrentarlo? Todavía seguía escuchando para mí misma un “No eres suficientemente buena”. Así que decidí hacer algo al respecto, empezando por una lista de mis fortalezas. Identificarlas me permitió tener mayor visibilidad de aspectos positivos que a veces paso por alto. Así cuando me llega ese pensamiento de que soy un fraude, volteo a ver mi lista y sonrío para mí.

Lo segundo que hice fue evitar postergar cosas, porque me di cuenta que lo hacía no por flojera, sino por miedo. “Le sacaba la vuelta” a atender una tarea específica por miedo a que no resultara lo “perfecto” que esperaba.

Y esto lo uní con una tercera acción: dejar de compararme. A veces dejaba de hacer algo que me interesaba porque si ya alguien más lo hacía mejor que yo, sentía que no valía la pena intentarlo. Dejé de creer que todo me tenía que salir perfecto. Y empecé a perder el miedo a equivocarme.

Por último, traté de observar con atención cuando llegaban los pensamientos negativos, identificando de donde surgían y tratando de acallarlos reconociendo que todos los logros me los merezco.

¿Síndrome superado? Sí y no. Porque con estos ejercicios de auto-observación constante aprendí sobre otro fenómeno que también suele hacerse presente y que tanto como el primero, nos impide avanzar: el Síndrome del Experto.

¿Síndrome del Experto?

Cuando estamos “bajo la influencia” de este síndrome, asumimos que tenemos la única opinión válida sobre el tema, dejando por fuera de forma inmediata cualquier otra perspectiva u opinión al respecto. ¿Qué consecuencias conlleva esto? Que nos cerramos a otros puntos de vista, limitamos el acceso a nuevos aprendizajes y evitamos la oportunidad de compartir con personas valiosas.

A veces este síndrome es un disfraz de inseguridades: como nos aterra el fracaso o el error, defendemos a capa y espada algo y nos perdemos la posibilidad de enriquecer nuestra experiencia. La soberbia se hace presente y fácilmente nos dejamos llevar por prejuicios: “¿pero qué va a saber si es tan joven?” o “esto es totalmente lo opuesto a lo que yo sé sobre el tema, debe estar en un error”

¿Y entonces de qué se trata? No queremos sentirnos un fraude, pero tampoco sentirnos las expertas en algo. Ojo, no se trata de eso. Yo creo que el secreto para evitar ambos síndromes es la auto observación: tratar de darnos cuenta de cuando nos estamos saboteando a nosotras mismas, echarnos porras, peeeero también entender cuando nos falta humildad para abrirnos a otras posibilidades, opciones y perspectivas. Hay que aprender a darle su lugar al “no sé” y sobre todo al “pero quiero saber”.

Cuando nos observamos y encontramos el equilibrio, podemos integrar nuevos elementos a nuestras opiniones y conocimientos, encontramos nuevas y mejores formas de hacer las cosas, crecemos como personas, cultivamos relaciones genuinas y profundas, creemos más en nosotras mismas y por supuesto, evitamos echarnos tierra. Padrísimo, ¿no?

Así que ya lo sabes, ni muy muy, ni tan, tan. Eres fregona, créetelo, tan fregona como todas las otras personas de las que (a veces sin darte cuenta) estás aprendiendo.


Ale Serrano es apasionada por el aprendizaje, la creatividad y la innovación. Psicóloga organizacional con más de 15 años de experiencia en Gestión del Talento y Capacitación. Hoy emprendedora y diseñadora de experiencias de capacitación organizacional con foco en e-learning para ECO Latinoamérica.

Photo by Noah Buscher on Unsplash

Las opiniones expresadas en los artículos publicados en Hola Poderosa corresponden únicamente al autor y pueden no coincidir con las de SpeakHer Nights.

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