BIENESTAR

¿Cómo inspirarte cuando estás en un mismo lugar 24/7?

Descubre la inspiración en los lugares menos esperados

Por Diana Fernández

Regularmente, para inspirarnos es necesario alimentar la mente por medio de experiencias ya sea usando nuestros sentidos en conjunto o por separado.

Probar un nuevo platillo, recorrer más calles por equivocación y descubrir texturas, plantas o flores, tomar un café y reír, conocer gente en reuniones de trabajo o encontrarte con viejos conocidos y ponerse al día, ver una película, escuchar una canción, bailar, comprar ropa o subirse al transporte público. Atravesar la ciudad, oler.

Hay tantas formas de inspirarse y a veces es fundamental la interacción con alguien para platicar sobre una idea, checar detalles en vivo,  hacer anotaciones y tener retroalimentación.

La pandemia puso como “obstáculo” el estar en un mismo sitio y hacer las mismas cosas casi de la misma forma todos los días. Despertar, prender la computadora y tener el celular como vía de contacto con el exterior.

La interacción para las generaciones más jóvenes se redujo a teclear, enlazarse en vivo, ver rostros por medio de una pantalla. Y la situación también empujó a que eso ocurriera con personas de más edad: una ventana al mundo para todas y todos. Un espacio seguro, pero ¿cómo inspirarte? ¿cómo motivarte a crear algo? ¿a experimentar?

La inspiración aplica para cualquier tipo de actividad. Replantear un modelo administrativo, idear una plataforma, trabajar un diseño, editar un texto. ¿Cómo lograrlo cuando muchos de nuestros sentidos permanecen, por así decirlo, en reposo?

Me puse como reto redescubrir mi espacio: mi cuerpo, mi mente y, finalmente, mi hogar. ¿Cómo?

Tomé fotos de mi cuerpo, use el temporizador y así obtuve ángulos y detalles. Descubrí, por ejemplo, que tenía nuevos lunares y que los vellos de mis piernas, al dejarlos crecer más, se hicieron delgados y casi invisibles.

Anoté aquellas particularidades e hice una descripción de mí. Escribí sobre lo que me gustaba y lo que no, y lo guardé para mí. Me inspiré al reconocer qué quisiera cambiar de mí y con que me sentía muy agusto: me quise más.

La fase dos comenzó cuando de forma diaria anoté cómo me sentía, aunque fueran breves oraciones, respecto a las noticias, las tendencias, los éxitos ajenos y propios, también redacté sobre los momentos difíciles. ¿Cómo reaccionaba a ello? ¿Qué causaba en mí? ¿Estaba reconociendo mis reacciones, sentimientos, emociones? Me ayudó a entender a qué reaccionaba, qué me causaba y cómo lo expresaba y fui categorizando las situaciones.

La tercer fase fue en mi hogar, aquél espacio al que estaba acostumbrada a visitar por las tardes, preparar algo para cenar, platicar con mi familia  y dormir. Ese espacio que poco a poco olvidé y que hoy creo conocer un poco más.

Lo recorrí de nuevo y decidí de qué me quería deshacer, modificar, regalar…también conocer qué necesitaba mantenimiento o lo que ya no encajaba conmigo.  Le puse atención a mi ecosistema inmediato e identifiqué que tal vez en el comedor me era más sencillo tomar una videollamada. En el sofá me concentro para escribir, descubrí que las escaleras son un estímulo para contar cuantos pendientes faltan o simplemente como distracción.

También me di cuenta que comprando un poco de alpiste y poniéndolo en mi azotea guié a mí una de las alegrías más bonitas: tener visitas frecuentes de diferentes pájaros. Oírlos cantar: que me avisaran que era un nuevo día.

En fin, encontré esas facetas para redescubrirme y sobre todo saber quién había sido, quién era durante estos días y quién quiero ser. Desarrollé mi mente y me enfoqué un poco en lo malo para después aprender de ello y así salir, entre paréntesis, victoriosa de esta cuarentena.

Supe que también había otras formas de crear y de conocer historias, de sentir emoción al escuchar un podcast o compartir un mismo espacio en un webinar con personas de todo el mundo que quieren aprender lo mismo que yo.  Recorrí muchos museos por visitas virtuales y volví a ser creativa con lo que se podía y se tenía, y aprendí que la inspiración surge de miles de formas.

Le di un respiro a mi vida, una pausa.

Mi espacio soy yo con esta mente y este cuerpo, mi inspiración es todo lo que yo crea que puede ser. 

Estoy segura que al regresar a la nueva normalidad será distinto. Ya veremos.

Diana Fernández es publicista y futura historiadora. A los 22 descubrió que amarse a si misma era la mayor revolución, hoy tiene 24, dos años haciéndolo y muchas ganas de aprender del mundo. Ha sido productora y ejecutiva de cuenta además de editora y ha trabajado con TEDX, Grupo Bacardí, ReUrbano, Condé Nast, Mextrópoli, etc. 

Photo by Alexa Williams on Unsplash

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